Geometrías de la excentricidad: la razón arquitectónica detrás del eclecticismo paisajístico
El eclecticismo en el paisajismo occidental no responde a la casualidad ni a la mera acumulación azarosa de especies exóticas. Por el contrario, se origina en momentos históricos muy concretos de globalización cultural, mecenazgo artístico y una deliberada voluntad de transgredir los cánones clásicos establecidos. Cuando se analiza la evolución de estos espacios singulares, se descubre que la hibridación de estilos responde siempre a una estricta necesidad de ordenación volumétrica y escenográfica. La psicología de sus creadores —ya sea la ambición ilustrada, la mirada plástica o la excentricidad surrealista— queda inmortalizada en la tierra mediante alteraciones arquitectónicas que desafían la ingeniería tradicional para subordinarse exclusivamente a la belleza estética.
La cumbre de la Ilustración en el Parque de El Capricho
Para materializar los ideales de la Ilustración y ofrecer una representación física de las diversas inquietudes intelectuales de la época, se requería un espacio capaz de aglutinar diferentes corrientes paisajísticas sin perder la cohesión volumétrica. Bajo esta exigencia ordenadora, María Josefa Pimentel, Duquesa de Osuna —una de las mujeres más cultas de su tiempo—, inició en 1784 la construcción del Parque de El Capricho en Madrid, contando originalmente con el arquitecto Jean-Baptiste Mulot. La solución aplicada consistió en estructurar las 14 hectáreas del recinto integrando de forma planificada tres tipologías europeas radicalmente distintas, convirtiéndolo en un enclave único en España.

Buscando la exhibición social mediante la regularidad geométrica, se dispuso el parterre francés de setos recortados; mientras que para conectar los desniveles del terreno mediante elementos escultóricos y fuentes de mármol, se optó por el giardino italiano dispuesto en terrazas y flanqueado por cipreses (Cupressus sempervirens). Como contraparte a esta rigidez, el paisaje inglés aportó una naturaleza de apariencia libre, con senderos orgánicos que anticipaban el Romanticismo. Con la intención de articular espacios para el juego del cortejo cortesano, se proyectó un intrincado laberinto de laurel (Laurus nobilis).

Este recorrido se encuentra jalonado por escenografías que subordinan la función a la estética, como el Abejero, una ermita construida adrede con aspecto ruinoso, y el Fortín, una batería militar en miniatura rodeada por un foso. Esta organización compartimentada sirvió de refugio intelectual para figuras como Moratín, Iriarte o Francisco de Goya, quien decoró el palacio con 23 lienzos antes del expolio de las tropas francesas en 1808. Además de su valor artístico en superficie, la orografía del parque oculta secretos técnicos de vital importancia, albergando a 15 metros bajo tierra la Posición Jaca, un búnker fortificado del Estado Mayor republicano durante la Guerra Civil.

El cromatismo cúbico del Jardín Majorelle
Para mitigar la intensa reverberación de la luz solar en el clima semidesértico de Marrakech y ofrecer un eje visual que estructure la densidad de la masa foliar, se requiere la introducción de un elemento cromático de gran potencia. Bajo esta premisa volumétrica, el pintor orientalista francés Jacques Majorelle fundó en 1923 el jardín que lleva su nombre. La solución arquitectónica consistió en la aplicación de un azul cobalto ultramar brillante, patentado por el propio artista, sobre las estructuras de líneas puras de estilo Art Déco y cubista diseñadas por el arquitecto Paul Sinoir. Este giro ecléctico rompe con la sobriedad del jardín islámico tradicional, sirviendo de fondo de contraste para la colección botánica.

El espacio, adquirido y salvado de la especulación inmobiliaria en 1980 por Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, destaca por su yuxtaposición de texturas. Los ejemplares de la familia de las cactáceas (Cactaceae), traídos de América, aportan una rigidez vertical que organiza las perspectivas. Para equilibrar esta dureza formal, se introdujeron masas fluidas de bambú (Bambusoideae) de origen asiático. Asimismo, el discurrir del agua en constante movimiento a través de acequias y estanques poblados por nenúfares (Nymphaeaceae) evoca una clara influencia hispanoárabe local, demostrando que la convivencia de especies responde a una estricta planificación del entorno.



La permanencia mineral en Las Pozas de Xilitla
Cuando los factores climáticos extremos amenazan la continuidad de una propuesta paisajística, la arquitectura puede intervenir para consolidar el espacio de forma definitiva. En la región de Xilitla, en México, este catalizador llegó en 1962, cuando una helada histórica sin precedentes destruyó por completo una inmensa colección de orquídeas salvajes (Orchidaceae). Ante la pérdida de este estrato vivo, el aristócrata, poeta y mecenas británico Edward James decidió crear un «jardín eterno», construyendo flores de concreto que la naturaleza jamás pudiera matar.

Nació así el jardín escultórico de Las Pozas, concebido originalmente entre 1947 y 1949. James, protector de figuras como Salvador Dalí o René Magritte, reinterpretó los caprichos o follies ingleses llevándolos al extremo del surrealismo arquitectónico, incrustando pesadas estructuras artificiales en la selva. El complejo abarca 37 hectáreas con 27 estructuras monumentales, erigidas gracias a la mano de obra de más de 150 carpinteros y albañiles locales dirigidos por el maestro Carmelo Muñoz. Elementos de arquitectura imposible como la Escalera al cielo, que termina abruptamente en el aire, o el Camino de las siete serpientes, sirven para pautar el recorrido. La razón de emplear el hormigón radica en su capacidad para dejarse colonizar por las especies trepadoras y epífitas, logrando que la obra adquiera una pátina que la amalgame con el entorno forestal.

Recomendaciones de Combinaciones
La articulación de un espacio exterior de corte ecléctico exige comprender la relación entre la masa vegetal y la estructura construida. Para reproducir los efectos de contraste observados en los ejemplos históricos, se aconseja seguir pautas de ordenación geométrica precisas. La rigidez formal de elementos arquitectónicos debe ser compensada mediante especies de follaje dinámico. Por ejemplo, si se busca pautar la verticalidad frente a paramentos pintados en tonos intensos, la densidad de las cactáceas de porte columnar encuentra su réplica idónea complementada por el aspecto esférico del asiento de suegra (Echinocactus grusonii).
Si el objetivo es delimitar zonas de transición visual nítidas que emulen la suntuosidad ilustrada, la regularidad del boj (Buxus sempervirens) recortado en formas topiarias debe dar paso de manera gradual a zonas de arbolado maduro de carácter más libre, empleando el roble (Quercus robur) para generar juegos de luces y sombras cambiantes. Asimismo, ante la necesidad de crear focos de atención lumínica en los recodos de los senderos próximos a láminas de agua, la introducción de ciclamores (Cercis siliquastrum) aporta una coloración que rompe la monotonía del verde estructural.

Síntesis Reflexiva
El análisis de estos enclaves demuestra que la «arquitectura de lo inútil» y el eclecticismo paisajístico trascienden la simple acumulación decorativa. La tierra se convierte en un autorretrato de sus creadores. La alteración de las normas botánicas convencionales y la inserción de estructuras singulares cobran sentido cuando se supeditan a una intención estética superior, donde cada espécimen botánico y cada fragmento de piedra o cemento justifican su existencia en función de la luz, el volumen escenográfico y la historia de su tiempo.
Cuestiones Frecuentes

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